Acantilado lamenta la muerte de Michel Tournier, eterno candidato al Nobel y uno de los grandes escritores franceses de los últimos tiempos. Tournier vivía desde hacía cuarenta años en una casa parroquial del valle de Chevreuse, donde escribió Vendredi ou les limbes du Pacifique (Gran Premio de novela de la Académie française) y Le roi des Aulnes (Premio Goncourt por unanimidad). Viajero incansable, tuvo una especial predilección por Alemania y el Magreb. Visitaba París sólo para reunirse esporádicamente con sus amigos de la Académie Goncourt. Ha publicado en Acantilado El espejo de las ideas (2000) y Celebraciones (2002).
Según El País, Tournier fue un gran admirador de Flaubert, de Sartre —a quien consideraba “un padre espiritual”— y de la tradición alemana, dedicó gran parte de su trayectoria a reinterpretar grandes mitos masculinos, desde Moisés hasta Robinson Crusoe y Barba Azul, con un estilo solemne y culto, pero salpicado de ironía grotesca. Su obra fue breve: solo nueve novelas, además de seis antologías de narrativa breve y dos decenas de ensayos.
