RecorridosSe cumplen 15 años de la muerte de Vergílio Ferreira03/03/2011
Vergílio Ferreira (Melo, 1916 – Lisboa, 1996) pasó su infancia en la Serra da Estrela, al cuidado de parientes maternos, pues sus padres emigraron a Estados Unidos. Tras estudiar durante un lustro en el seminario de Fundao, terminó el instituto y se licenció en Filología Clásica en la Universidad de Coimbra. Durante cuatro décadas, de 1942 a 1981, ejerció de profesor de secundaria en diversos institutos. Publicó quince novelas, tres libros de cuentos, poesía, ensayo –tanto Pensar (1992; Acantilado, 2007) como Escribir (2001), éste de edición póstuma, son escritos de carácter aforístico, reflexivo y estético– y varios volúmenes de diarios que tituló Contra Corrente. Idealista apasionado por la palabra como Fernando Pessoa, buscó con su literatura transformar la realidad gracias a la fuerza de las ideas y profundizar a través del lenguaje en la psique humana. Fue propuesto en varias ocasiones para el Premio Nobel y está considerado uno de los grandes escritores de la literatura portuguesa del siglo XX. Obtuvo el el Premio Femina en Francia por Manhã submersa (1953), el Premio Castelo Branco (1960) por Apariçao (Aparición) y el Premio Pen Club de Portugal por Para sempre (1983). Ha sido también galardonado con el Premio de la Asociación Portuguesa de Escritores y el Premio Camões. En 1984 fue elegido miembro de la Academia Brasileña de las Letras. La literatura de Ferreira estuvo influenciada en sus inicios por escritores como Hemingway y Steinbeck. Algunos libros de aquella época son O caminho fica longe (1943), Onde tudo foi morrendo (1944) o Vagão (1946). Más adelante publicó obras como Mudança (1949), un ajuste de cuentas con el pasado de aprendizaje y Manhã submersa (1953), dónde evoca su infancia y su experiencia en el seminario, e inicia su constante viaje en la memoria. La profundización en la condición humana, la introspección y la meditación sobre el sentido y el destino trascendente desplazó al compromiso social del centro de su narrativa. En esta nueva etapa Ferreira se interroga sobre cuestiones fundamentales de la existencia como la conciencia del ser a través del cuerpo y la palabra, por medio del monólogo o diálogo ficticio, con un interlocutor ausente que sistemáticamente devuelve la interrogación. Algunas novelas de esta época son Aparição (1959), que por su complejidad, por su tensión entre acción, pensamiento y sentimiento, y por su prosa densa y clásica, constituye una obra fundamental de la narrativa portuguesa. Cântico final (1960), elaborada a base de flashbacks de asociaciones de ideas, de búsquedas en la memoria, revela una profunda influencia de la técnica cinematográfica. A Estrela polar (1962) le siguió Apelo da Noite (1963), escrita en 1950, que muestra la inquieta búsqueda de nuevas formas, y Alegria Breve (1965), producto de su plena madurez, en la que se entrelazan el simbolismo de la estructura y el expresionismo de la evocación de una sociedad rural de otros tiempos. Otras obras de Ferreira son Invocación a mi cuerpo (1969; Acantilado 2003), con textos sobre el arte, el tiempo o la confrontación entre hombre y Dios; Nítido Nulo (1971), donde se manifiesta en mayor medida su adhesión al experimentalismo que confiere fragmentariedad, discontinuidad y estructura circular al discurso narrativo; Rápida a sombra (1975); Signo Sinal (1979); en Para siempre (1983; Acantilado, 2006), en la frontera entre la ficción y la crónica, el autor portugués crea un escenario de mundos posibles donde lo autobiográfico sirve de motor narrativo a una voz que, desde la soledad y la evocación, analiza su propia individualidad, y en la que la memoria es lo único capaz de sustentar el presente. La influencia que ejercieron sobre él autores como Hegel, Heidegger, Dostoievski, Kafka, Hesse y Greene demuestra su continua atención al desarrollo del pensamiento filosófico y de las formas literarias y artísticas de la cultura europea moderna. Además de los volúmenes de cuentos A face sangrenta (1953) y Apenas homens (1972), reunidos junto a otros en Contos (1976), publicó varios volúmenes de ensayos en los que retoma y analiza la problemática presente en la obra narrativa. De entre sus últimas publicaciones, también destacan En nombre de la Tierra (1990; Acantilado, 2003) donde se observa una introspección y subjetivismo de tipo metafísico envuelto de una atmósfera de soledad y enajenación que crea a través de la fuerza y de la belleza de la lírica, y Cartas a Sandra (1996; Acantilado 2010) , una tierna evocación de la mujer amada y de la vida en común bajo forma epistolar.
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