Las increíbles aventuras del correo polaco Jan Karski
25/02/2011
Vídeo del testimonio de Jan Karski (en inglés)
"El informe Karski", documental de Claude Lanzmann (en alemán)
Documental "Shoah" de Claude Lanzmann (en inglés)
Jan Karski nació en 1914 en el seno de una familia de clase media polaca y católica de Lodz -la segunda ciudad más poblada de Polonia-, siendo Jan el pequeño de ocho hermanos. Persiguiendo su sueño de ser diplomático, de 1931 a 1935 estudió en la Universidad Jean Casimir, de Lvov. Formó parte de la promoción de 1936 de la Escuela de Aspirantes de Reserva de la Artillería Montada. Entre 1936 y 1938 se embarcó en la carrera diplomática sirviendo en Bucarest, Berlín, Ginebra y Londres. En agosto de 1939, en plena invasión alemana de Polonia, recibió la orden de partir con su regimiento hacia Oswiecim, en la frontera polaco-germana, pero al llegar comprobaron que los alemanes habían reducido el cuartel a cenizas. Este contratiempo les obligó a marchar durante quince días hasta Tarnopol (Cracovia había sido ocupada por los alemanes), topándose con el ejército ruso -que acababa de invadir el país desde el Este- justo antes de alcanzar la ciudad. El regimiento del que formaba parte Karski fue instado a entregar las armas, y sus doscientos hombres, encerrados durante cinco días en un tren de carga que les llevaría hasta el este de Rusia. Karski, conocedor más tarde de que el ejército polaco había sido aplastado, y sin posibilidades reales de escapar, se aferró a la noticia de que iba a tener lugar un intercambio de prisioneros de guerra (únicamente para soldados rasos) entre Rusia y Alemania en virtud del Pacto Ribbentrop-Molotov. Los alemanes entregarían a Rusia a todos los ucranianos y bielorrusos, y los rusos pondrían en libertad a todos los polacos de descendencia alemana, así como a los polacos nacidos en territorios que habían sido incorporados al Tercer Reich.
Karski, consciente de que los rusos no controlaban apenas los nombres ni los documentos, se intercambió el uniforme de oficial con un soldado raso, para a continuación solicitar a los rusos que deseaba ser entregado al ejército alemán. El intercambio de prisioneros tuvo lugar cerca de Przemysl, una ciudad en la frontera ruso-germana. Una vez en manos del ejército alemán, los prisioneros viajaron durante dos días en dirección al centro de distribución de Radom, una ciudad al oste de Polonia, con la promesa de ser puestos en libertad, lo que evitó por el momento cualquier intento de fuga. Sin embargo, el sueño de libertad se diluyó en cuanto vislumbraron desde el tren la cerca de espino que rodeaba el campo. Al cabo de sólo unos días, y después de sufrir unas condiciones de vida inhumanas, fueron llevados a la estación de tren de Radom e introducidos en un vagón que en palabras de los alemanes “les llevaría a un lugar en que se les liberaría y en donde se les permitiría trabajar”, siempre y cuando no intentaran escapar durante el trayecto, lo que acarrearía la ejecución inmediata. Estas palabras tuvieron un efecto devastador en Karski, que vio claro que si no conseguía escapar pasaría el resto de su vida realizando trabajos forzados para los alemanes. Junto a otros tres compañeros, y aprovechando que se encontraban cerca de los bosques de Kielce, cerca de Varsovia, tomó la decisión de fugarse, saltando del tren en marcha. Para ello, convenció a los otros prisioneros de que les ayudasen a deslizarse por la ventana que había en el techo del furgón. A pesar de los disparos efectuados por parte de los soldados alemanes, Karski consiguió saltar del tren y tocar tierra con poco más que alguna magulladura, y dirigirse a Varsovia, a través de enormes áreas devastadas por la Blitzkrieg. Una vez en la capital, Dziepatowski –un amigo de la infancia–, le conseguiria papeles falsos a nombre de Kucharski y una familia “adoptiva”. Karski todavía no era consciente de que se acababa de iniciar en la Resistencia polaca.
La confianza que la Resistencia había depositado en Karski hasta ese momento llegó a su punto álgido cuando le encargaron la misión de actuar como un auténtico «canal» entre Varsovia y París: habría de dirigirse de nuevo a Francia, donde informaría al gobierno de allí sobre los puntos de vista de los diferentes partidos, las condiciones para apoyar al general Sikorski, además de transmitir los secretos y planes de los cuatro partidos a sus respectivos representantes en Francia. Toda la información iría dentro de un microfilm, con un mensaje de treinta y ocho páginas. Era finales de mayo de 1940 y los alemanes marchaban sobre París, lo que añadido al ya de por sí peligroso viaje hacía temer lo peor a Karski. Los nervios y sequedad excesiva que manifestó el guía desde el primer momento, le convencieron de que alguna cosa no marchaba bien. Sus sospechas se confirmaron al ser informados de que el predecesor del actual guía había desaparecido tres semanas antes, sin dejar rastro. Aun así decidieron seguir adelante, haciendo noche en un albergue. Esta opción acabaría siendo su perdición ya que de madrugada dos gendarmes eslovacos entraron por la fuerza en la casa, deteniendo a los dos hombres. Todo parecía indicar que la Gestapo arrestó a Franek –el anterior guía–, que bajo tortura habría revelado la ruta y los puntos de parada de los resistentes. Karski fue conducido a la comisaría de Presov donde le esperaban los guardias de la Gestapo, cuyos brutalidad en los interrogatorios era de sobras conocida. Varios individuos, que parecían estar al día de la pertenencia de Karski a la Resistencia polaca, le hicieron todo tipo de preguntas, a las que él respondió siguiendo al pie de la letra su “historia”: era un estudiante, que había tenido que interrumpir sus estudios debido a la guerra, y que se dirigía a Suiza. Viendo que Karski seguía negando ser un emisario, uno de los guardias se abalanzó sobre él, golpeándolo fuertemente detrás de la oreja con una porra de caucho, provocándole un dolor indescriptible que se extendió por todo el sistema nervioso de su cuerpo. Cuando le asestaron el segundo golpe, fingió desmayarse, ante las sonoras carcajadas de los guardias, que sabían de sobras que las autoridades alemanas habían ideado como medio de tortura esos golpes, sin duda increíblemente dolorosos, pero que no hacían perder la conciencia a quien los recibía. Fue entonces cuando los guardias recibieron la orden de colocarlo contra la pared y asestarle tal cantidad de puñetazos que quedara al límite de la inconsciencia, para así poder seguir con el interrogatorio. Viendo como Karski caía medio muerto ante ellos, decidieron dejar la tortura para más adelante, y encerrarlo en un celda. Al cabo de tres días, los hombres de la Gestapo volvieron a golpearlo brutalmente. Karski, plenamente consciente de que una nueva paliza acabaría con su vida con casi toda probabilidad, aprovechó un momento de distracción del guardia de la celda para cortarse las venas de ambas muñecas con una hoja de afeitar. En el límite entre la vida y la muerte, fue enviado a un hospital eslovaco donde se le practicó una transfusión y se le curó de sus heridas. Al séptimo día, una pareja de guardias de la Gestapo se presentaron en el hospital, y pese a la insistencia por parte del médico de que el paciente no estaba del todo recuperado, se lo llevaron de vuelta a la prisión, todavía con los brazos entablillados. Por suerte, una vez el médico de la prisión le hubo examinado, dictaminó que Karski debía volver al hospital debido a su delicada salud.
Karski vio una pizca de esperanza durante el trayecto en coche ya que le resultó familiar una estación termal que vio a través de la ventanilla, por encontrarse cerca de una ciudad en donde había trabajado para la Resistencia. Decidió arriesgarlo todo a una carta. Un momento en que entró la enfermera, le contó su historia y le pidió que contactara con una familia conocida suya. Al cabo de sólo unos días, la organización del PPS (Partido Socialista Polaco) ya había planeado un plan de fuga, y sobornado al guardia que vigilaba la celda. Varios hombres entraron de noche en la prisión y liberaron a Karski.
A principios de octubre de 1942, el delegado del gobierno polaco en Londres y el comandante del Ejército del Interior, ambos dirigiendo en aquel entonces la Resistencia judía, se citaron con Karski. Después de entregarle un informe sobre la mortalidad de los judíos en Polonia, le sugirieron que informara al mundo entero sobre las atrocidades que los nazis estaban cometiendo con los judíos. Para que su testimonio fuera del todo objetivo, le ayudaron a penetrar en el gueto de Varsovia, para que pudiera ver con sus propios ojos cómo se dejaba morir a la gente que vivía en su interior. Una vez traspasada una puerta en la que estaban apostados dos oficiales alemanes, Karski fue testigo a lo largo de varias horas del proceso de “eliminación” al que eran sometidos los judíos en el campo. Las horribles imágenes que vio allí dentro le perseguirían de por vida, aunque le iban a permitir a su vez explicar al mundo entero el infierno en el que vivían los judíos. A principios de febrero de 1943, ya en Londres, se reunió con Anthony Eden —ministro de Asuntos Exteriores británico—, con los escritores H.G. Wells y Arthur Koestler, con representantes de las Naciones Unidas, con la prensa británica y de otros países aliados.
Unos meses más tarde, concretamente el 28 de julio, Karski se citó durante más de cuatro horas con Franklin D. Roosevelt en la Casa Blanca, en Washington. El presidente americano demostró un gran interés por el movimiento de la Resistencia en Polonia, aunque pareció más preocupado por el devenir global de la guerra que por la gravedad de la situación de los judíos. Sin embargo, Estados Unidos creó poco después de la visita de Karski, el Comité de Refugiados de Guerra (WRB). Durante el tiempo que Karski estuvo en Estados Unidos, su tapadera fue descubierta, viéndose obligado a permanecer en el país, con lo que trabajó para el Gobierno Polaco, dando a conocer la causa polaca. En 1944, un año antes de que terminara la guerra, Karski escribió —originalmente en inglés, e inmediatamente después traducido al francés, sueco y noruego— Story of a Secret State, que alcanzó unas ventas de 400.000 ejemplares. La repercusión de la obra le permitió realizar un ciclo de conferencias de seis meses, por diferentes puntos de la geografía americana. En 1947 obtuvo el puesto de Profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Georgetown, que conservó hasta su jubilación en 1984. Obtuvo la nacionalidad estadounidense en 1954. En 1984 Israel lo nombró ciudadano honorario. En 1994 el presidente polaco Lech Walesa le condecoró con la Orden del Águila Blanco, máxima distinción a la que podría aspirar un ciudadano polaco. Karski regresó a Polonia, en motivo de la publicación, cincuenta y cinco años después de su primera aparición en inglés, de Historia de un Estado clandestino en polaco. Jan Karski murió el 13 de julio de 2000 en Washington, a la edad de 86 años.