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Fulgencio Argüelles

No encuentro mi cara en el espejo

María Casta y su hijo adolescente Edipio se defienden del azote de una tormenta inclemente que se produce el mismo día en que muere el anciano cura Lubencio. Varios acontecimientos, como la llegada del nuevo cura, la aparición del primer armario con luna o el anuncio del comienzo de la Guerra Civil, determinan la vida del pequeño pueblo minero de Peñafonte, aislado del mundo y ahogado por la humedad de una lluvia incesante. Una extraordinaria novela en la que se entreveran la amistad, la desesperanza, el tedio, las preguntas que nos inquietan y los espejos que nos mienten.

Entrevistas

Comentarios de la prensa

“Un canto a la amistad, a las palabras y a la tolerancia. La eficacia estética y ética de esta bella novela no se entiende sin su irónica referencia a lo que las palabras pueden hacer y deshacer. El léxico que se usa para deslumbrar y el que se usa para ocultar. La fina ironía que Fulgencio Argüelles despliega en toda la novela es la tenue luz que amortigua la tristeza irreparable que se nos narra”.
J. Ernesto Ayala-Dip, El País

“Una narración con un estilo muy trabajado y brillante. Fulgencio Argüelles escribe muy bien, llena su prosa de ricas evocaciones sensoriales, su léxico está muy trabajado y no es nada convencional”.
J.M. Pozuelo Yvancos, ABC

“Una historia llena de historias en la que se muestra la calidad de un auténtico constructor de ficciones. Un trabajo exquisito, barroco en el sentido de plenitud, de algo que parece que no termina nunca ni se desea que se termine. Una lluvia de palabras que te va calando como el orbayu, se te mete muy dentro”.
Ángeles Caso

“La misma fuerza de la inercia que te empuja cuesta abajo por un bosque en otoño es la que Fulgencio Argüelles imprime en sus verbos, con la que encadena sus enumeraciones, con la que construye textos que más que escritos parecen destilados, porque los cose con palabras que no se pronuncias, se mastican, y los llena de atmósferas que lo envuelven todo, y de personas, personajes, que, como solo sucede con la literatura mayor, se instalan en la mente y en el corazón del lector para quedarse allí a vivir para siempre. Un canto, un canto oscuro y por momentos tenebroso, pero un canto al fin y al cabo, a la salvación del hombre por el hombre”.
María de Álvaro, El Comercio

“Un cuidado exquisito del lenguaje y un dominio prodigioso de la sintaxis. Ambos rasgos demoran, en ocasiones, la acción, pero apuntalan la prosa y convierten cada capítulo en una delicada pieza de orfebrería lingüística que conviene paladear con atención, a medida que asistimos al portentoso trabajo de un escritor entregado, paso a paso, a la construcción de su propio mundo”.
Miguel Barrero, Qué Leer

“El ritmo de la novela se ciñe a la perfección a la vida que quiere retratar, inserta en una naturaleza bella e inclemente y atrapada en los límites de una consciencia que querría saber más. Hay una delicadeza admirable en el modo en que se encadenan las conversaciones teóricas, los cuadros naturales y la introspección psicológica. El suyo es un existencialismo humanista que ama por encima de todas las cosas la posibilidad de ser y las preguntas que conlleva la existencia. Una lectura recomendable para lectores que gusten de discutir hasta altas horas de la noche y que persigan vestigios de una perspectiva humanista poco frecuente”.
Ignasi Mena, Llegir en cas d’incendi

“Argüelles, con esta novela, una vez más nos lleva a esa tierra que tan bien conoce y tanto quiere, esa Asturias húmeda y profundamente minera. Como también suele ser ya costumbre en él, nos lleva por el camino de la amistad, de las buenas conversaciones”.
Susana Hernández, Libros y literatura

«Fulgencio Argüelles es un escritor mágico, un prosista excepcional».
Alejandro L. Andrada, Diario de Córdoba

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